Entre 2020 y 2026, la alta adopción de Inteligencia Artificial Generativa en América Latina generó una "subordinación algorítmica" en lugar de un salto tecnológico. La región se consolidó como consumidora pasiva, sufriendo una re-primarización digital. Económicamente, paga altas rentas a oligopolios extranjeros y aporta "trabajo fantasma" precarizado. Políticamente, pierde soberanía al alojar sus datos fuera de sus fronteras, lo que exige invertir urgentemente en infraestructura tecnológica propia para revertir esta dependencia.
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